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¿Las calles son sólo calles?

  • Foto del escritor: Maffer Orozco
    Maffer Orozco
  • 24 oct
  • 4 Min. de lectura

Maria Orozco- mfoe93@gmail.com

Frecuentemente, en el discurso urbano y en las políticas de desarrollo, las calles se reducen a simples vías de tránsito, a arterias para mover vehículos o personas de un punto a otro. Pero ¿y si son más que eso?

Primero que nada vamos a ver que es una calle para la RAE:

  1. f. Vía pública, habitualmente asfaltada o empedrada, entre edificios o solares.

    Sin.:

    • vía, avenida, paseo, ronda, arteria, vial1, rambla, carrera, corredera, costanilla, callejón, travesía, pasadizo, pasaje, bulevar, rúa, arroyo.

  2. f. Exterior urbano de los edificios. Me voy a la calle para despejarme.

    Sin.:

    • rúe.

Esta visión limitada, que habla del aspecto físico y tangible del espacio ignora la riqueza y complejidad que encierran estos espacios en la vida cotidiana de las ciudades y de las personas. Las calles no son solo caminos; son el escenario donde se desarrolla gran parte de la vida social, cultural, política y económica de las comunidades humanas y por ello tienen un gran impacto en el desarrollo de las personas.


Munich, Alemania. 24 de octubre de 2025. Estación Pasing Bf- MFOE
Munich, Alemania. 24 de octubre de 2025. Estación Pasing Bf- MFOE

¿Cómo influye en nosotros la experiencia en la calle? Les voy a poner el ejemplo de hoy, salí de casa cuando terminé mis pendientes, llegué al primer bus que debo tomar y llegó justo al mismo tiempo que yo, me bajé en este punto en Pasing Bf, el día tenía mucho viento y pintaba a ser completamente lluvioso, vi el rayo de sol, y eso me animo por completo, además de que todo el trayecto a la Universidad fluyó a la perfección, entonces note que ambos factores influyeron en como voy a pasar el resto de mi día.


La experiencia en la calle, en ese momento, me mostró claramente cómo nuestro entorno y las sensaciones que nos transmite influyen directamente en nuestro estado de ánimo, en nuestras decisiones y en la percepción que tenemos del día. La sensación del viento y el cambio impredecible del clima, junto con la presencia del sol, me recordaron que las condiciones del espacio público no solo afectan nuestra comodidad física, sino también nuestra emocionalidad y motivación. Cuando el trayecto fluye sin obstáculos, con un clima que invita a caminar o a disfrutar de la vista, se genera una sensación de bienestar y control, que puede potenciar un día positivo y productivo. En contraste, si las calles están en mal estado, con obstáculos o con un clima adverso, nuestra percepción y actitud pueden cambiar drásticamente, afectando nuestro rendimiento y cómo enfrentamos el resto de nuestras actividades. Por ello, la forma en que nuestro entorno urbano está configurado tiene un impacto profundo en nuestro estado emocional y en la calidad de nuestras experiencias cotidianas.


Este ejemplo cotidiano en Munich, resalta la importancia de entender cómo la experiencia en la calle influye en nuestra vida diaria. La cualidad de los espacios públicos —su seguridad, accesibilidad, limpieza y belleza— no solo determina la facilidad con la que transitamos, sino que también impacta en nuestro estado emocional y en la manera en que nos relacionamos con nuestro entorno social. La realidad de nuestras calles se traduce en bienestar o malestar, y por ello, el cuidado y la mejora de estos espacios son fundamentales no solo para la movilidad, sino para promover comunidades más saludables, cohesionadas y productivas. La calidad del espacio público, entonces, no es un mero componente estético o funcional; es el escenario donde se construye la experiencia humana, y en esa experiencia, influyen de manera decisiva nuestras emociones, decisiones y el bienestar colectivo


La percepción de seguridad afecta directamente la experiencia y el uso del espacio público. La eficiencia en la red de transporte público y cobertura, la visibilidad y buena infraestructura generan un entorno en el que las personas se sienten confiadas para caminar, socializar y realizar actividades en cualquier momento del día. Esta confianza en la seguridad fomenta la cohesión comunitaria y promueve el bienestar colectivo.


En contraste, en muchas ciudades latinoamericanas, la percepción de inseguridad en las calles y espacios públicos es considerable. La presencia de delitos, la falta de iluminación adecuada, insuficiente vigilancia y el deterioro del mobiliario urbano generan un clima de miedo que limita la movilidad peatonal y reduce la afluencia en parques y plazas. Esta percepción, en muchos casos, no solo responde a la realidad delictiva, sino también a la calidad del diseño urbano, la eficacia de las políticas públicas y el nivel de participación social.


La diferencia esencial radica en que en ciudades como Munich, estas condiciones permiten que las calles sean lugares seguros y confiables, en los que la gente puede socializar, caminar o hacer ejercicio sin temor. En cambio, en contextos donde la percepción de inseguridad domina, el miedo limita el uso del espacio público y desincentiva la participación comunitaria, afectando la calidad de vida y la dinámica social (Hablando en experiencia propia de ser una mujer de 32 años rondando sola por toda la ciudad).


Este contraste evidencia que la percepción de inseguridad no solo refleja la incidencia real delictiva, sino también la efectividad de las políticas urbanas y de seguridad, además del estado general del espacio público. Construir entornos en los que la ciudadanía sienta confianza y seguridad en las calles es fundamental para promover ciudades más abiertas, participativas y cohesionadas, en las que el espacio público vuelva a ser un escenario de vida social y desarrollo colectivo. Así que: ¿Las calles son sólo calles?


Las calles y espacios públicos no son solo vías asfaltadas, de tránsito, sino elementos fundamentales para el desarrollo humano y social. Constituyen escenarios donde se fomenta la interacción, la participación comunitaria y la cohesión social, fortaleciendo el sentido de pertenencia y el tejido social de la comunidad. Además, estos espacios influyen directamente en la salud mental y emocional de las personas, ya que ofrecen lugares para la recreación, el descanso, el contacto con la naturaleza y la convivencia social, lo que reduce el estrés, previene trastornos emocionales y promueve el bienestar psicológico. Un espacio público de calidad y seguro favorece la construcción de relaciones sociales positivas, contribuyendo así al desarrollo integral del ser humano y a sociedades más inclusivas, resilientes y saludables.


¿Qué es para la ti la calle?





 
 
 

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